Me encantó ese abrazo tan largo de bienvenida. Me encantó
que te hicieras el estrecho. ¿Pero sabes lo mejor? Lo mejor fue cuando me
armaste de valor para besarte, aunque solo fuera un roce de labios. Que me
colocaras contra ti y que al llevar horas sin fumar tu ansia te llevara a
comerme. Me gustas. Me gusta cuando te muerdes el labio y me miras, porque te
juro que se me pone blanda la almeja, porque no es justo para nadie que de tan
solo una semana que te conozco ya te quiera más que a nadie. Veo parejas pasar
por la calle y automáticamente te noto alado, joder, noto tus besos en mi
cuello, noto tus manos dentro de las mias. Te noto. Pero cierro los ojos porque
no soporto la idea de verte tan poco, pero eso solo lo empeora porque tu
recuerdo se hace más brillante y me duele. Me duelen tus dudas, te diría que
soy lo que necesitas, pero eso eliminaria el aire de malota que tanto te gusta.
Además de que es más divertido ir viendo como te das cuenta. Soy cuanto
necesitas.
Llegué a casa y me dejé caer en la cama seguido de un suspiro, como un peso muerto, como un herido en un campo de batalla.
Llegué a casa y me dejé caer en la cama seguido de un suspiro, como un peso muerto, como un herido en un campo de batalla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario